Aproxímate

En los últimos 15 años un servidor ha pasado de ser un auténtico negado para las matemáticas, coleccionando un suspenso tras otro, a convertirse en un estudiante de doctorado en, precisamente, matemáticas. Por el camino, fui profesor particular y me licencié en física, especializándome precisamente en física matemática.

¿Qué pasó entre medias?, ¿recibí un transplante de cerebro?, ¿me sacaron un lápiz del cráneo como a Homer Simpson? Nada de eso… la respuesta es mucho menos emocionante: las matemáticas, y la ciencia en general, no son tan inaccesibles como parece. En mi humilde opinión, el principal problema que encuentran (encontramos) los estudiantes con las matemáticas es que estas se estudian de forma diferente al resto de asignaturas, pues exigen por narices que el estudiante tome un papel protagonista. Prácticamente el 100% de los estudiantes con dificultades en física o matemáticas que conocí (incluyendo al Pablo Rodríguez de 1998, al que recuerdo bien) presentaban un problema de actitud, que no de aptitud. No se acostumbraban al hecho de estar solos ante el peligro, no se terminaban de creer que disponían de todas las herramientas necesarias para resolver los ejercicios, y menos aún que dichas herramientas estaban en su cabeza y no en una página concreta del libro de texto. No hablo en términos abstractos ni filosóficos: era este, y no otro problema, el que les (nos) hacía sacar malas notas. Naturalmente hay excepciones, pero en mi experiencia son poco frecuentes.

Esta incapacidad para tomar un rol activo ante cuestiones de tipo científico extiende sus efectos perniciosos mucho más allá de las aulas, pues, no lo olvidemos, la ciencia está en todas partes. Desde las noticias que leemos en el periódico hasta los medicamentos que tomamos, pasando incluso por las ofertas del supermercado. Llámalo habilidad matemática, cultura científica o, incluso, capacidad crítica… si no la tienes, mal asunto.

Y hete aquí que ha caído en mis manos un libro, Aproxímate, de Javier Fernández Panadero, en el que se abunda en estas ideas. Pero Javier no teoriza, sino que invita una y otra vez al lector a tomar ese papel protagonista usando ejemplos cotidianos desde el principio hasta el final del libro.

aprox

Reconozco que cuando se trata de Javier (@javierfpanadero) soy incapaz de ser imparcial. Seguramente estoy afectado por más de uno de los sesgos cognitivos de los que, entre otras cosas, habla en su libro. No solo somos amigos, sino que además he descubierto que salgo mencionado en su libro. Pero no vayan a pensar que este post es una mera muestra de colegueo castizo: el libro me ha gustado de veras, y más aún me hubiese gustado en mis tiempos de adolescente.

Para más información, recomiendo visitar la detalladísima reseña que ha hecho Francis Villatoro (@emulenews). Me considero incapaz de añadir nada al exhaustivo trabajo de Francis, salvo quizá la historia de abuelo cebolleta que he comentado antes.


5 Comentarios

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Teresa Valdés-Solís (@tvaldessolis)Teresa Valdés-Solís (@tvaldessolis)

Yo solo puedo añadir que llevo 6 libros de divulgación en lo que va de año y este de Javier es el que más me ha gustado con mucha diferencia. Claro tampoco yo soy imparcial.

Javier

Muchísimas gracias compañero, y a Teresa, me encanta q os guste y q encontréis lo q yo quise poner… Es emocionante. Os quiero, pezqueñines.

RaksOsCBRaksOsCB

Es que me he reío leyendo tu blog Pablo!!
Soy un asiduo a la ciencia. Desde que siendo pequeño mi padre me regaló para Navidad un microscopio (Amateur, claro). Alguna vez quise ser inventor o científico. Con el tiempo fui decantando hacia la biología y la física (Qué tuve unos encuentros memorables con la electricidad!). Todo lo que se atravesaba (y a ver si a ustedes no les pasaba distinto) terminaba diseccionado. Soy chileno y en el Chile de los 90 no existían planes de fomento a la inversión en Ciencia y Tecnología. Que si los había, era con capitales de riesgo. Cero fomento a la innovación. No existían (ni por decirlo) estos libros de divulgación científica. Cuando tenía 5 años mi madre me regaló un atlas. Mi casa estaba llena de enciclopedias y diccionarios. No era fácil acceder a un computador. Ni soñar con internet.
Y fui creciendo y las matemáticas se convirtieron en mi gran karma. Toda carrera en las ciencias iba siempre ligada a las matemáticas. Así fue como pronto me alejé de la física y de la biología, y de mi sueño de ser médico o físico (siempre me gustaron las interacciones energéticas). Decanté por las leyes y la abogacía, la filosofía y la antropología. Estudié Leyes y no me fue bien. Me retiré luego. En el mundo de las leyes ya todo está hecho, y yo, si algo comparto con los científicos, es esa inquietud intelectual y ese saber que tenemos todas las herramientas para adaptar el mundo a nuestras necesidades, y no la mera de capacidad de adaptarnos al mundo. Para mí no el único problema que existe es no tener suficiente tiempo para encontrar todas las soluciones.
Finalmente estudié Ingeniería en Construcción. Hoy construyo. Descubrí que es una de las pocas carreras que aúna muchas ramas de la ciencia: La física, la química, incluso la biología en términos de la ergonomía. Pero sigo siendo un científico frustrado. Me habría gustado tener la posibilidad de leer este libro cuando tenía 15 años. Me gustaría poder leerlo ahora. Tengo 2 hijos y un hermano menor. Mi hermano menor hoy estudia Ingeniería Metalúrgica (No sé cómo la llamarán en España) y eso gracias al amor por la ciencia que yo pude transmitirle. Él ama la química. Y mi intención es que mis hijos (de 4 y 2 años) sigan el mismo camino (con las obvias libertades de elección que deben tener). Por lo menos hasta el momento son almas inquietas, que buscan respuestas y experimentan (naturalmente los seres humanos tenemos el instinto de experimentar. Nacemos sin miedos, pero la sociedad nos los implanta). Y eso espero poder fomentarlo en ellos. Mi hija es feliz bailando, y quizás cuando grande sea bailarina, pero una que va a saber que para hacer giros de mayor duración debe acercar los brazos al cuerpo gradualmente, de modo de ir disminuyendo su inercia en la medidad en que pierde energía. O mi hijo, que quizás sea percusionista, va a saber que el sonido es un fenómeno físico y que la frecuencia de afinación de cada uno de sus tambores va a depender de la elasticidad de los parches.
En fin. La ciencia, como lo has repetido muchas veces, está en todas partes. Y no nos queda más que entenderla para poder aprovecharla.

Gracias por tu blog (gracias por lo de las derivadas!…. si lo hubiera sabido hace 8 años quizás habría tenido mucho menos problemas estudiando). Y ojalá me cuentes cómo hacerme del libro desde este Nuevo Mundo.

Un abrazo.

Pablo Rodríguez

Muchas gracias por tu comentario. Celebro que te guste el blog, y que llegue tan lejos.

Estoy consultando con el autor cómo funcionan los envíos internacionales.

Javier

Encantado por tu interés (soy el autor), algunos libros míos han llegado a Chile mediante licitaciones. La llegada al público general ya no es tan sencilla, pero puedes intentar preguntar en una librería a ver qué tal, o bien por Amazon. Si el precio es muy alto y tú paciencia te lo permite… En mayo estará en formato electrónico, como el resto de mi obra.

Saludos y de nuevo, muchas gracias!

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